«La velocidad de un árbol»- Mónica Jover
«La velocidad de un árbol»
Mónica Jover
ABIERTO VALENCIA – Septiembre, 2026
Shiras Galería inaugura la temporada el próximo 18 de septiembre con La velocidad de un árbol, primera exposición individual de Mónica Jover Calvo en la Sala Principal de la galería, en el marco de Abierto Valencia 2026. El proyecto reúne 15 obras y una obra- instalación central desde las que la artista propone una reflexión sobre el tiempo, la creación y la necesidad de recuperar una relación más pausada con los procesos de transformación.
En La velocidad de un árbol, Jover (Alcoi, 1973) aborda el tiempo desde la experiencia física y pausada del hacer. Pintura, tejido y trabajo manual se convierten en herramientas para explorar otras formas de experimentar la duración. Frente a una contemporaneidad dominada por la rapidez y la inmediatez, la artista reivindica el acto de crear como un espacio de atención, en el que el proceso adquiere un valor propio.
La exposición pone así en valor aquellos procedimientos que requieren espera, constancia y dedicación. La práctica artística se plantea como un ejercicio de permanencia y observación, donde pequeños gestos, a través de su repetición y acumulación, adquieren una dimensión mayor.
El hilo ocupa un lugar fundamental en este proceso. Incorporado a la pintura, introduce una dimensión espacial y táctil que transforma la percepción de la superficie. Cada recorrido del hilo hace visible el tiempo, el movimiento y la decisión implicados en la construcción de la obra, convirtiendo el gesto manual en parte esencial de ella.
Así define la artista la instalación central de La velocidad de un árbol:
“La obra parte de una reflexión sobre los ciclos de siete años descritos por Rudolf Steiner, entendidos como ritmos de transformación de lo exterior hacia lo interior. A partir de esta idea propongo el “septenio del jardinero” (49–56): un momento de la vida en el que crecer puede dejar de significar expansión para convertirse en profundidad.
El jardinero representa una nueva relación con el tiempo: ya no se trata de conquistar, acumular o acelerar, sino de cultivar, cuidar, observar y esperar. Como el árbol, el ser humano continúa creciendo, pero cambia la dirección: mientras las ramas se extienden, las raíces profundizan. La instalación lleva esta idea al espacio. Los hilos se extienden como raíces y conexiones, haciendo visible un tiempo que normalmente permanece oculto. La obra crece lentamente, como un árbol, y propone al espectador experimentar otra escala temporal”.
Desde esta perspectiva, crecer no significa únicamente expandirse, sino también desarrollar raíces. El jardín aparece como un territorio de paciencia, observación y cuidado, donde el resultado permanece inseparable del tiempo dedicado a su desarrollo. Esta concepción atraviesa igualmente las obras, construidas mediante la reiteración de acciones aparentemente sencillas que, acumuladas, generan estructuras complejas.
Pintar y tejer se convierten así en formas de registrar una experiencia. Las obras contienen las horas de trabajo, las decisiones y las variaciones propias de un proceso manual. El tiempo deja de ser únicamente un tema para convertirse en una dimensión material de las piezas: está presente en sus capas, en su construcción y en la repetición de cada gesto.
Esta evolución en el lenguaje de Mónica Jover ha sido señalada por el crítico Javier Diaz- Guardiola, quien describe el papel que el hilo ha adquirido progresivamente en su práctica artística:
“Entonces, el hilo se transformó en elemento de unión. Y en un cambio de procesos, y eso sucedió ‘Tejiendo futuro’, para el Instituto Tecnológico de AITEX, institución que curiosamente investiga procesos textiles, profundizando en las características del tejido, este material sirvió por vez primera para entrelazar lienzos. Las posteriores propuestas ya romperían los “paisajes” representados en la superficie del cuadro, se incardinarían con este conformando una especie de textil y lo expandirían, dotando así incluso de libertad al material, que deja de ser “pincelada” para establecerse como frágil estructura proyectada en el espacio a la búsqueda de la arquitectura del lugar, contra la que choca o en la que se sostiene. La dualidad resultante en la que no se sabe qué es pintura y qué es tapiz empezó a transformar la superficie pictórica en tejido, un cuadro que se construye sobre un lienzo que no deja de ser un soporte textil más.”
En La velocidad de un árbol, esta investigación adquiere una nueva dimensión vinculada a la experiencia del tiempo. La pintura se entiende como un espacio en transformación y el hilo como elemento de conexión, extensión y construcción.
La exposición invita a detener la mirada y reconsiderar nuestra relación con la duración. Como un árbol, las obras se desarrollan gradualmente, a través de capas, gestos y repeticiones. Su crecimiento no responde a la lógica de la inmediatez, sino a un proceso sostenido. En esa lentitud reside una de las claves del proyecto: comprender el tiempo no como un obstáculo para la creación, sino como aquello que permite que la materia, la obra y la propia mirada se transformen.
Con una trayectoria expositiva desarrollada desde el año 2000, Mónica Jover ha presentado su trabajo en numerosas exposiciones individuales y colectivas en museos, centros de arte y galerías nacionales. Su trayectoria ha sido reconocida con diversos premios, como el reciente Primer Premio de la IV Bienal de Pintura Isabel Comenge (2025), y su obra forma parte de destacadas colecciones públicas y privadas, entre ellas las del IVAM, el MUA, la Fundación Mutua Levante, la Diputación de Alicante y la Universidad Politécnica de Valencia.