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Las formas del ser

No solo en el arte, la forma es el alma
Oscar Wilde (1854-1900)

Al mágico roce de la belleza, las más secretas fibras de nuestra sensibilidad
salen de su sueño; en contestación a la llamada que se les hace, vibran y se
estremecen. El espíritu habla al espíritu.
Kakuzo Okakura (1862-1913)

Sirvan estas dos citas pertenecientes a sendos escritores y críticos contemporáneos casi coetáneos. Dos personajes paradigmáticos que desde orígenes distantes y planteamientos distintos -la provocación en Wilde, la tradición en Okakura- confluyen en un pensamiento complejamente integrador, integradoramente complejo. Occidente y Oriente dándose la mano en términos estéticos mientras la distancia y las disputas marcaban profundas diferencias político-económicas. Schopenhauer, Nietzsche, Herrigel, Sloterdijk, por citar sólo algunos filósofos alemanes, tendieron y lo siguen haciendo, puentes constantes hacia esas lejanas corrientes de pensamiento que tuvieron en el budismo indio sus orígenes.

Precisamente en el Zen (deriva budista chino-japonesa) encontraremos la fuente de inspiración que anima esta muestra de Carolina Valls. Los títulos de las diferentes series (nombrar es empezar a existir): Shibui, hosomi y yugen dan una buena pista para orientar (nunca mejor dicho) el profundo cambio en su trayectoria que sin duda abre esta muestra. La geometría clara, las líneas “hard-edge” de etapas anteriores han sufrido una transformación radical desde la decisión racional y “a priori” por un planteamiento mucho más abierto, intuitivo y procesual. Desde la composición planificada y controlada, a un hacer que va tomando forma en el propio acto creativo. Acostumbrados a la seguridad (por otra parte, engañosa) de la razón, concibo este valiente paso de C. Valls como un auténtico salto al vacío, entendido este último en su acepción más taoísta: el vacío como posibilidad de todo.

Las ideas de Wilde y Okakura, claramente amplifican el sentido de la obra de arte, más allá de la intencionalidad del artista y del resultado, para enfatizar el papel del espectador y de su percepción, al tiempo que anticipan en buena medida las reflexiones de Maurice Merlau-Ponty, magistralmente recogidas en su último (y en cierto sentido, su primer y primordial) escrito: El ojo y el espíritu. El ensayo está plagado de reflexiones tan profundas como bellas (el binomio belleza y verdad siempre activo y vigente) y aunque sea un poco extenso, me parece obligado citar un ejemplo tan ilustrativo como aplicable a esta exposición:
Cuando veo a través del espesor del agua el enlosado del fondo de la pisicina, no lo veo a pesar del agua y de los reflejos, sino que lo veo justamente a través de ellos y por ellos. Si no hubiera esas distorsiones, esos rayados del sol, si yo viera sin esa carne la geometría del enlosado, dejaría entonces de verlo como es, donde es, a saber: más lejos que todo lugar idéntico. El agua misma, la potencia acuosa, el elemento viscoso y reflejante, no puedo decir que esté en el espacio; el agua no está en otra parte, pero no está en la piscina. La habita, se materializa en ella, pero no está contenida en ella, y si elevo los ojos hacia la pantalla de cipreses donde juega la red de reflejos, no puedo negar que el agua también la visita, o que al menos envía ahí su esencia activa y viviente. Es esa irradiación de lo visible lo que el pintor busca bajo los nombres de profundidad, de espacio, de color.1

Decía Paul Klee que el color es “el sitio donde nuestro cerebro y el universo se juntan” y es sin duda el color el territorio personal donde se sigue asentando su pintura. El blanco, el negro (las dos totalidades: sustractiva -luz- y aditiva -materia-) y sus colores primarios llevados a un extremo “eléctrico” y electrizante. Territorio cromático como base sobre la que las líneas y las texturas se superponen o funden para conformar una realidad más allá de la obra, inscrita en la percepción del espectador, ampliada hasta la Naturaleza entendida como esa totalidad de la que no dejamos de ser parte al tiempo que la contenemos. Tanto las veladuras cromáticas como las retículas lineales hacen patente esa capacidad de “ver a través” que conecta materia, percepción e imaginación. Frente al posicionamiento divisorio del análisis racional, C. Valls persigue y consigue desde la sencillez, desde la honestidad, desde la humildad no solo técnica, que sus formas vibren y nos hagan vibrar al unísono.

Juan Bautista Peiró
Universitat Politècnica de València

 

1 Merleau-Ponty, Maurice. El ojo y el espíritu. Madrid. Trotta. 2013. p.54

 

 

Nota de prensa:

El próximo 18 de mayo, Shiras Galería por primera vez presenta simultáneamente dos proyectos realizados por artistas mujeres, ocupando sus dos salas. En la Sala principal se inaugura “Shibui” el nuevo proyecto de la artista valenciana Carolina Valls (Valencia -1980). Tras el éxito de su anterior participación en Shiras con el proyecto premiado ‘Flexible’, presentado en la Sala Principal durante Abierto Valencia 2019, solo era cuestión de tiempo volver a coger el testigo que la artista dejó para llevarlo a su máximo exponente a través de una evolución, la abstracción lírica. Un nuevo lenguaje que se esprende de la geometría y espacialidad que tanto le habían caracterizado hasta el momento para sorprender por medio de 18 obras con un estilo más libre y personal que fluctúa entre pintura y dibujo.

El término Shibui es una de las categorías estéticas japonesas (como Wabi, Sabi, Hosomi o Yugen) y hace alusión a lo imperfecto e inacabado, considerando más importante el hecho mismo de crear y el camino que se recorre antes del resultado. Así pues, este es un proyecto basado en la estética oriental, en la que lo importante es la experiencia del objeto artístico.

Así define la artista la muestra: Un viaje en el que la esencia de las cosas se capta a través de un recorrido casi caligráfico de la pincelada, que implica todo el ser. Además, se hace referencia, a través del color, al concepto de la luz dentro de la penumbra que trata Junichiro Tanizaki en su libro ‘El elogio de la sombra’, donde se hacen visibles algunas diferencias entre el pensamiento occidental y el oriental, partiendo de la percepción que se tiene hacia el entorno habitable. Asimismo, para esta muestra Shiras Galería ha contado con la colaboración del crítico Juan Bautista Peiró quien define el trabajo de la artista como: Un territorio cromático como base sobre la que las líneas y las texturas se superponen o funden para conformar una realidad más allá de la obra, inscrita en la percepción del espectador, ampliada hasta la Naturaleza entendida como esa totalidad de la que no dejamos de ser parte al tiempo que la contenemos. Tanto las veladuras cromáticas como las retículas lineales hacen patente esa capacidad de “ver a través” que conecta materia, percepción e imaginación. Frente al posicionamiento divisorio del análisis racional, C. Valls persigue y consigue desde la sencillez, desde la honestidad, desde la humildad no solo técnica, que sus formas vibren y nos hagan vibrar al unísono.

Carolina Valls, licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, cuenta con numerosos premios como el de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, mención de honor en el premio de Pintura de la Fundación Mainel y el accesit de pintura en la Bienal Isabel Comenge. Además de diversas reseñas escritas por críticos del panorama nacional como Román de la Calle y Marcelo Juame. A todo ello se suma una gran presencia de su obra en colecciones privadas y públicas, entre las que se encuentran el Museo San Pío V (Valencia), el Museo de Villafamés (Castellón), Fundación Mainel, el Ayuntamiento de Castellón, la Diputación de Ciudad Real, así como CARSA ([fundación privada], Bilbao) y la Fundación Juan José Comenge. O su participación Solo Show en Art Paris durante el 2019.

La artista valenciana nos induce con ‘SHIBUI’ hacía una conexión con la naturaleza y el aprecio por lo cotidiano, desprendiéndose del concepto de belleza occidental para inducirnos en la armonía oriental. El hecho artístico se relaciona, pues, con otras expresiones culturales, incluso con los sentidos, ya sean táctiles, auditivos, olfativos, gustativos o visuales. Así, la creación se entiende para la artista en este nuevo proyecto como una ceremonia, un acto contemplativo, relacionado con aspectos del día a día, tal y como define la directora artística de la galería Sara Joudi.

Mientras, en el Espacio Refugio se presentará la primera parte del proyecto “Outsider I”. Una exposición colectiva compuesta por cinco mujeres artistas que presentaran diferentes trabajos representativos. Cada uno de ellos elaborados en diferentes lenguajes que dialogan entre si con el objetivo de visibilizar su gran calidad plástica y creativa. En Outsider I presentamos obras de las artistas: Rosa Torres (Valencia-1948), creadora de larga trayectoria con obra presente en destacados museos como El Reina Sofia y el IVAM. Cristina Gamón (Valencia-1987), ganadora del premio BMW y de otros premios de gran importancia. Nuria Rodríguez (Valencia-1965), ganadora del premio Senyera de Artes Visuales 2018 nos presenta dos obras aún inéditas. Anna Herrgott (Herrenberg, Alemania-1983), artista de larga trayectoria internacional galardonada con el Premio de Arte-Arte por la Galería Magdeburg. Y Alicia Torres (Valencia-1993), quien pese a su juventud ya cuenta con una interesante carrera internacional entre España, Inglaterra y China.

Esta exposición se podrá visitar en Shiras Galería hasta el 23 de junio, de lunes a viernes de 11:00 h a 14:00 h y de 17:00 h a 20:00 h, sábados cita previa