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Naturelaza Efímera (Sala Principal – abril 2024)

 

 

La imagen escultórica desde lo fotográfico

 

El paisaje ha sido un tema constantemente representado a lo largo de la historia del arte, recuperándose en las vanguardias con nuevas estéticas e intenciones y convirtiéndose en uno de los más productivos campos de investigación del arte contemporáneo. Tanto paisajes representados desde el punto de vista estético, incluyendo incluso aquellos como representación abstracta quizá no de un lugar concreto, sino a partir de una construcción mental, como paisajes que son punto de partida de la formación de una identidad territorial y pueden derivar en una crítica social o cultural, todos tienen en común el uso del lenguaje contemporáneo a la hora de abordar un territorio para convertirlo en un paisaje desde el punto de vista artístico.

Los protagonistas del paisaje en el autor son la arquitectura, las formas y el diseño, con los que configura a través de quiebros, giros y elementos retorcidos o en espejo, su propio territorio como elemento vertebrador de la identidad. El paisaje no será la naturaleza o el lugar que se observa, sino que será lo que se construye a través de estos, una construcción cultural para lo que es necesaria la interpretación de alguien, a partir de la cual unos elementos físicos existentes se convierten en su representación. Nos enseña a ver lo que hay detrás de la apariencia. No hay nada destacado, ramas, árboles, troncos, todos ellos en un espacio indefinido, nada destacado, no sucede nada. Parece que no hay nada espectacular ni grandioso. Pero son imágenes de algo monumental a lo que nuestras retinas están acostumbradas pero que el autor paraliza y ensalza como si portaran un pedestal. Volúmenes que reflejan una sensación de movimiento, pero también de cercanía, de vecindad. Iconos de la naturaleza en continua evolución advirtiéndonos de su desaparición y convirtiéndolos en joyas apresadas. Esta es la obra de Serisuelo.

Innumerables veces caminamos a través de la naturaleza y percibimos miles de cambios de la luz, de las nubes, de las formas de los árboles en movimiento, pero en muchas ocasiones no somos conscientes de ver un paisaje. La obra de Serisuelo nos lo trae a primer término desde el lenguaje fotográfico a las nuevas formas que con ellos configura creando su propio paisaje. Este no está conformado por elementos unos junto a otros y sobre un horizonte, sino que los trocea para generar uno nuevo, un paisaje escondido a nuestra mirada poniéndonoslo en primer término. ¿Qué hacen sino los artistas que mostrarnos aquello que no vemos? ¿Qué imaginamos? ¿Que soñamos? Podemos pensar que el paisaje no es un objeto inerte que está ahí y podemos mirar, sino que se construye en el momento en que se observa e interpreta un territorio. Y es importante prestar atención también a los procesos y fuerzas que intervienen en su configuración, a elementos que igual ya han desaparecido pero que quedan en nosotros, en nuestra mirada y nuestro corazón. Hay que observar lo visible y lo no visible ya que lo que vemos siempre nos remitirá algo que quizás no esté pero que fue fundamental para su construcción. Una elaboración realizada a través del proceso creativo en el que la intención, la intervención e interpretación del artista da como resultado una visión, una idea.

El término fotografía en “el campo expandido” se ha convertido en una forma de expresar que la fotografía no se entiende como una unidad ni un conjunto de prácticas, sino como un fenómeno que no deja de reinventarse y que adopta múltiples formas. (del artículo de Rosalind Kraus sobre “la escultura en el campo expandido”).Sin duda la relación entre fotografía y escultura es un distintivo del siglo XXI con muchos autores utilizándolo como superposición o fusión.

En los inicios de la fotografía siempre se ha vinculado este género más a la pintura que a la escultura. La fotografía en muchos casos se convirtió en un apoyo para el artista, para su estudio incluso para sus modelos y a esto se apuntaron rápidamente los escultores, pero en este caso les servía para ver con más detalle el movimiento, los detalles físicos. Pero así como hablamos de fotografía pictorialista, es raro la utilización del término fotografía escultórica y en Agustín Serisuelo , sin duda lo podemos acuñar. El autor no es un fotógrafo, es un artista que se mueve en la frontera entre el plano y el volumen, entre el movimiento y el instante. La utilización de la fotografía y las mutaciones que utiliza el autor genera un lenguaje artístico que reescribe el género del paisaje. La era digital supuso la utilización de ésta dinamitando las limitaciones de color, tamaño. Soporte bien evidenciado en esta exposición. Una reflexión sobre el mutismo y la mutilación que parte de la vulneración de la relación vital entre el hombre y su entorno natural. Retratos de la ausencia de vida como reclamo de atención y cuidado hacia el ecosistema. Melancolía frente a la velocidad que caracteriza a la sociedad actual. Paisajes que son el resultado de la sensación del artista, del hombre, que conforma recuerdos, momentos, sensaciones, nuestra memoria.

Una forma de lenguaje que también lleva asociada la protesta, la crítica hacia la ruptura del hombre junto a la naturaleza y que lo hace sobreponerse a ella e intentar dominarla.  El artista retrata aquí la posición del hombre ante la naturaleza en términos de actor y de espectador. El hombre, como animal urbano, se apropia de la naturaleza, imponiéndole formas, estructuras, movimiento, sonido. Los recursos de la ficción se apoderan del espacio natural, rural, recordándonos la condición ambigua y construida del paisaje, a mitad camino entre el artificio y la naturaleza. 

Antonio Machado descubrió el paisaje a través de la poesía como experiencia estética y emocional, Agustín Serisuelo observa, la toma y la moldea como forma artística de bulto redondo y tablas de dos dimensiones que apresan de forma sinestésica la naturaleza.

 

Alicia Ventura